Piedad Instrumental Mariana




Nota: Esto es una copia de una homilía que se presentó durante las misas de aguinaldo en el 2001 en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe (Bo Campo Alegre, Hatillo).  EMYM no es un representante de los Esclavos de la Eucaristía y María Vírgen.

La Alianza de Amor, junto con la piedad instrumental y la santidad de la vida diaria ha sido considerada siempre por el Padre Kentenich como la característica más original de su espiritualidad. Con este tipo de espiritualidad ha dado una respuesta a la búsqueda de un estilo de vida cristiana capaz de enfrentar las exigencias de la actualidad y apto para la Iglesia del futuro.

La piedad instrumental es uno de los pilares de nuestro sistema ascético, o sea, de la vida consagrada a ejercicios piadosos. Este carácter de instrumentalidad quiere decirnos que Dios nos usa para la construcción de su reino, como instrumentos. Significa que el hombre debe entregarse generosamente a Dios y a su obra. Da un rasgo dinámico a nuestra relación con Dios, que empuja hacia adelante, hacia un compromiso vigoroso con la tarea de la Iglesia en el mundo.

El Padre Kentenich tuvo la convicción de que la Iglesia está ante una era pronunciadamente mariana, de que María,”como el gran signo” es la llamada especialmente para vencer las fuerzas diabólicas y conducir a la Iglesia a un nuevo triunfo. Por eso la piedad instrumental quiere ser vista como un ponerse a disposición de María, para que Ella nos use para la lucha por el triunfo de Cristo.

La piedad instrumental marcadamente mariana conoce y ama activísimamente a la Santísima Virgen: como su modelo, su objeto, como su mediadora. Ella es un ejemplo claro de instrumentalidad, tanto como forma de vida y como fuente de conocimiento.

La Virgen como ejemplo de instrumentalidad y como fuente de conocimiento

No podemos asombramos de que la Virgen haya usado en forma ejemplar todas las fuentes de conocimiento de que dispone la piedad instrumental para interpretar el deseo y la voluntad de Dios. “El Magnificat” nos muestra con cuánta disposición recibía y elaboraba dentro de sí la palabra de Dios. Siempre se mantuvo abierta a los mensajes y anuncios divinos, o las segundas causas libres. Acepta con espíritu de fe el mensaje del ángel; signe sin demora a San José; no olvida lo dicho por el anciano Simeón sobre su hijo y la suerte y destino de su propia vida. La estructura de ser de las cosas siempre fue norma para su corazón hambriento de Dios. Toda su manera de obrar está guiada por el conocimiento de su posición en el reino de Dios, que en el orden de su ser sobrenatural hace también entender rectamente su vivir y actuar en el Gólgota. Con igual diligencia trató de conocer el deseo y la voluntad de Dios en las circunstancias del tiempo, como en el edicto de empadronamiento del emperador; de las disposiciones y providencias en su propia vida. Para quien tiene a la vista los hechos de su vida y los conserva vivos, la vida de María llega a sede un caso preclaro de inefable instrumentalidad.

Para fundamentarlo nos basamos en su posición en la obra de la Redención como madre, como maternal esposa de Dios, como compañera y colaboradora permanente, de dignidad singular, de Cristo, como cabeza de la Iglesia y de toda la humanidad, en toda la obra de la Redención. Podemos ver hasta qué punto debemos a Cristo y a su Madre nuestra Redención, por más que Ella, la plenamente redimida y por eso, pueda y quiera ser objeto de la piedad instrumental.

Recordemos que Dios gobierna el mundo a través de causas segundas libres. Así Él transfiere a los hombres algo de su poder, de su bondad y fidelidad, y quiere con eso que los hombres le transfieran a estos hombres algo de la entrega que a Él le deben. De esto tenemos el ejemplo en el cuarto mandamiento. Dios es un Dios de orden. Por eso hace que las criaturas libres participen de sus perfecciones en grado diferente. El máximo de su sabiduría, poder, bondad y fidelidad lo ha transferido a la Santísima Virgen. Nos ha manifestado sus deseos de que transfiramos nuestro amor y respeto y nuestra confianza a su Madre para que Ella nos conduzca orgánicamente a su Persona. Aún más, Dios hace participar a sus santos de manera especialísima, en su carácter sensitivo, de su imagen. En primer lugar a la Colaboradora y Compañera permanente unida como madre del Hombre Dios. Es claramente manifiesto su deseo y voluntad de su deposición en nuestra vida personal y comunitaria que debemos honrarla, amarla y darla a conocer como nuestra Señora, Madre y Abogada, esto es, que podemos y debemos sentirnos y entregarnos como instrumentos en sus manos y que nos esforcemos por una perfecta dependencia de Ella, como el instrumento depende de su propietario. Toda nuestra vida futura debe consumirse en todo tiempo, en todo lugar, en toda situación al servicio de nuestra Señora y Abogada. A Ella le pertenecen nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro vivir y morir, nuestro trabajo, nuestro sufrir y luchar.

Propiedades de la piedad instrumental en su aplicación al amor y servicio a María

Hay seis cualidades que distinguen al instrumento como forma de vida que fácilmente se pueden comprobar, siendo la Santísima Virgen nuestro modelo. Primeramente un creciente desasimiento de sí misma, desprendimiento del yo para estar a disposición de Dios; la entrega total al deseo y voluntad de Dios, o sea, la obediencia perfecta.

Para poder pertenecer enteramente a la Virgen nos deshicimos más y más de nosotros mismos, según solemos hacer mediante las contribuciones al Capital de Gracias, hasta la renuncia total del propio yo.

La entrega total a María es una perfecta conformidad a sus deseos y voluntad, una vinculación total a su persona y una inconmovible y confiada dependencia de su socorro de gracias. Por nuestra conocida oración: “Oh, Señora mía…” tomamos conciencia de que nos entregamos como instrumentos en las manos de María. Ella dirige nuestro amor más allá de Ella, hacia su Hijo y la Santísima Trinidad.

El instrumento apto en manos de María, la Virgen Santísima, conoce no sólo perfecta unidad de vida, sino también una igual unidad de fines con Ella. Esto es, una comunidad en alto grado de voluntad, de amor y de gracia, que aspira a la totalidad. Los fuertes impulsos que brotan de Ella empujan al mismo tiempo a una disposición al sacrificio en alto grado, a un incansable impulso de conquista para colaborar en la obtención del gran fin de su vida. El impulso de conquista se une en el instrumento mariano con una consciente, total y permanente unidad de fines con la noble Reina de los Apóstoles. Así como Ella se entregó por la salvación de todos los hombres, así también lo hace su instrumento en consciente dependencia y en perfecta adherencia a Ella. La Virgen es en virtud de su carácter personal como encarnación de la servidumbre sencilla, fuente y poseída de Dios; la servicialidad personificada. Ella sirve a Dios y a sus deseos donde quiera y como quiera que se le presenten. Así también, el instrumento tiende siempre y en todas partes a esta servicialidad esclarecida, desprendida de sí mismo. El instrumento, no sólo se caracteriza por una marcada devoción mariana, sino que aprovecha toda oportunidad favorable para propagar su devoción a su Señora en perfecta servicialidad. Es un marcado apóstol mariano, que quiere hacer de todos los que gana para María a “su vez apóstoles marianos”. Se une a María en todas las situaciones y trata de propagar el reino de Dios por todas partes y en todo tiempo.

Es de admirar que un alma que tan constantemente ama, viva y trabaje como instrumento en y con la Virgen llegue a ser más y más en el ser y comportamiento su viva imagen, una viva aparición de María. El amor sencillo y cándido tiene ya en sí esta misteriosa fuerza asemejadora. Ésta alcanza su fin con tanta mayor rapidez cuanto más perfectamente y con mayor conciencia se proponga alcanzar esta semejanza que reproduzca sus rasgos que son imagen fiel de los rasgos de Cristo.

La “imagen de María” no descansa hasta asemejarse en todo a su modelo. Se adentra así con el tiempo en un mundo de seguridad liberadora y liberada, tal como lo percibimos y lo admiramos en la Santísima Virgen. Lo que asegura y garantiza al instrumento mariano, un derecho especial a esta seguridad, es el adaptarse hasta las más finas ramificaciones a los deseos de Dios recibiendo por eso una seguridad múltiple de vida y una regocijante certidumbre de salvación hasta donde se pueden tener aquí en la tierra. Se le comunica seguridad, porque bebe de todas las fuentes de vida que Dios pone a disposición en la Santísima Virgen. La Virgen tiene la plenitud de todo bien. Dios ha puesto la plenitud de toda salvación que nos viene de Ella.

La piedad instrumental asegura la fecundidad apostólica. Dios quiere y reclama de los hombres, imágenes suyas, una imitación múltiple de su fecundidad. Es evidente que Él realiza su voluntad en sus instrumentos que se le entregan sin reservas y sin voluntad propia y no ponen ninguna clase de obstáculos a su actividad. El gran obstáculo para la actividad de Dios y su fecundidad es y sigue siendo la enferma voluntad propia. Pero el instrumento ha renunciado a ella para estar solamente a disposición de Dios y su obra. Su aptitud apostólica está suficientemente asegurada dejando obrar a Dios en sí y como Él quiere y está enteramente dispuesto al servicio con todas sus capacidades, con todo su ser. Como instrumento vive sólo para los planes de Dios. La orientación mariana asegura la elevación de esta fecundidad. Los servicios que Ella presta a la santidad personal son de igual manera considerados como fecundidad apostólica, porque nuestro ser, lleno de Dios, semejante a Cristo, y la aparición de Cristo y de María en el vivir y actuar se manifiesta como un apostolado valioso y fecundo. El instrumento mariano va por caminos marianos en su actividad apostólica y toda demanda de sanar almas se vuelve hacia la Madre de Dios y realiza así el deseo de Cristo, que vino a nosotros por el camino de su Madre y nos indicó así el camino para ir a Él y al Padre. Con todas las fibras del corazón, con toda la exaltación de nuestro espíritu honremos a María, porque es la voluntad de Dios que quiso, que todo lo alcancemos por medio de María. La fecundidad de su piedad instrumental es inconcebiblemente grande. Ella brilla en la oscuridad de la vida como un ejemplo resplandeciente, como imagen ideal y única de la piedad instrumental; como Espejo de Justicia que recibe e irradia sobre nosotros, en fidelidad inigualable, todos los rayos que brotan del Sol de Justicia; Jesucristo.

Bienaventurados todos los hombres y comunidades que se saben instrumentos en manos de la Santísima Virgen y toman en serio su tarea instrumental de participar en la fecundidad de la Madre del Mundo, que en ningún tiempo escatima su intercesión y estará al lado de aquellos que en nuestra época la anuncian al mundo como Dios lo quiere.