Orígenes de Schoenstatt




Nota: Esto es una copia de una homilía que se presentó durante las misas de aguinaldo en el 2001 en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe (Bo Campo Alegre, Hatillo).  EMYM no es un representante de los Esclavos de la Eucaristía y María Vírgen.


Antes de conocer la historia del Schoenstatt antiguo, debemos saber en qué lugar está localizado. Está ubicado en la región llamada Renania, en el centro de Alemania, donde los ríos Rin y Mosela se juntan. Aquí se encuentra la ciudad de Coblenza y a seis kilómetros más abajo de ésta, a la orilla derecha del Rín, está la pequeña ciudad de Vallendar. En esta región se abre la zona boscosa llamada Westerwaid (nombre de una cadena de cerros) formando un valle pequeño y muy cortado. Un kilómetro hacía adentro de este valle, está el lugar llamado Schoenstatt”[1].

La historia del antiguo Schoenstatt se remonta en sus orígenes hasta mediados del siglo XII. Un señor feudal llamado Wemer había fundado una capilla en Lonnich, cerca de Kobern, sobre el Mosela, y había encomendado su cuidado a un piadoso sacerdote de nombre Ludold. Gracias a sus prédicas, Ludold reunió en tomo de sí un numeroso grupo de discípulos, quienes luego de su muerte (acaecida en 1136) se pusieron bajo la dirección del abad agustino Ricardo de Springierbach. El 17 de abril de 1137, el Papa autorizó la fundación de la nueva abadía, y el arzobispo Albero de Tréveris consagró a Folmar como primer abad. Junto al convento de los agustinos surgió más tarde uno de monjas agustinas. Pero ya, hacia fines del año 1143 las religiosas se trasladan a la residencia “Vallendra”, que les había sido donada por los condes de Isenburg, los hermanos Gerlach IV, Reimboíd IV y Siegfried. El acta de donación fue labrada el 24 de octubre de 1143. Como motivo del traslado, el arzobispo menciona los muchos inconvenientes sufridos en Lonnich. Asimismo testimonia la muy loable vida que llevaban las monjas y a su nuevo hogar le da el acertado nombre de “eine schöne Statt” (un hermoso lugar). Este nombre lo inspiró, seguramente, la belleza del paisaje. Ya en aquel entonces, este lugar estaba bajo la especial protección de la Santísima Virgen. En un antiguo sello o cuño románico, de fines del siglo XII, aparece la Santísima Virgen en el trono; en su mano izquierda sostiene al Niño y en su derecha, una vara de lirios. Una inscripción en latín sobre el sello, dice: Sigilum sanctae Mariae in Vallindere (sello de la Santísima María en Vallindere)[2].

El convento de Schoenstatt siguió subordinado por el abad de Lonnich, quien destacó un prior como su representante. El gobierno de las monjas y de las hermanas legas estaba a cargo de una “magistra” asistida por una priora. Todavía en ese mismo siglo se comenzó a edificar un hermoso templo conventual, una basílica de tres naves en el estilo de la transición del románico al gótico. Hoy sigue aún en pie la torre norte de las dos que miraban hacia el oeste. La capilla que es hoy el Santuario de la Mater Ter Admirabilis es también muy antigua. La misma estaba consagrada al Arcángel San Miguel y posiblemente era la capilla del cementerio. El 18 de setiembre de 1319, Guda de Kastorf donó a esa capilla tres viñedos “para que el vicario tuviera un mejor pasar y todos los días se pudiese celebrar allí la Santa Misa”. Tanto el convento como el templo estaban consagrados a la Santísima Virgen, por eso en los primeros años, Schoenstatt fue llamado Convento de Nuestra Señora de Schoenstatt. El templo estaba además, dedicado a San Juan Bautista y parece que en épocas posteriores se eligió a Santa Bárbara como segunda patrona. De ahí que Schoenstatt se llamase también “Santa Bárbara”. Durante mucho tiempo conservó su validez aquella alabanza que hiciese a las monjas el obispo Albero, en ocasión de la fundación de Schoenstatt. El 26 de noviembre de 1226 el arzobispo Teodorico tuvo que exhortar al convento que no admitiera más de cien religiosas, lo que seguramente era un signo del prestigio de que gozaba la casa y de la fuerte afluencia de vocaciones. A comienzos del siglo XIV se manifiestan los primeros comienzos de decadencia en la disciplina y en la administración del convento. En 1434 atrajo sobre sí la pena de la excomunión, que fue levantada recién en 1436, gracias a un nuevo florecimiento momentáneo.

El 1 de enero de 1487 el arzobispo Juan II trasladó el convento de agustinas de Santa María en Muelilenheini (hoy Ehrenbreitstein) a Schoenstatt. La nueva comunidad estaba presidida por la abadesa Isabel de Goitzmoitz. Tal como reza un memorándum dirigido al arzobispo, la nueva comunidad se hizo cargo, junto con los deberes de la administración de la casa, de “un viejo convento con una disciplina totalmente relajada, un culto descuidado, edificios y rentas venidos a menos, totalmente echado a perder, empeñado, endeudado, signado por el desprestigio”. Pero el nuevo florecimiento no duró mucho. Al poco tiempo pasaron las rugientes tormentas de la Reforma por el tranquilo valle de Schoenstatt. Al encontrarse sin protección exterior, las religiosas perdieron pronto todo apoyo interior. Un número extraordinario de hermanas falleció prematuramente a consecuencia de las condiciones insalubres en que se vivía.

En el año 1567 el número de las religiosas se había reducido a cinco hermanas de coro y siete hermanas legas. Entonces la superiora Amia Merlen solicitó al arzobispo Santiago Iü de Elz el traslado a un lugar “donde pudiesen encontrar más seguridad para el cuerpo y el alma”. El 10 de octubre de 1567 las monjas de Santa Bárbara en Schoenstatt fueron conducidas al convento de San Jorge en Coblenza. El 31 de marzo de 1708 se mudaron al convento de Santa Bárbara sobre el Leer, que fue cerrado en 1803. Schoenstatt quedó desierto desde el 1567. Los objetos de valor, las campanas y altares fueron llevados a Coblenza. En 1567 toda la propiedad de Schoenstatt había pasado a la Cámara de la Corte de Tréveris, quien la adquirió en 4.312 florines y ocho albus. Al pasar el tiempo éste cambió varias veces de dueño y, consecuentemente, también del uso que se le hacía. En ocasiones, los edificios sirvieron a las labores agrícolas, a actividades fabriles, entre otras.

En 1633 la capilla y el templo fueron destruidos por las tropas suecas. En 1681 es reedificada y nuevamente destruida en los sucesos bélicos de 1812, luego de lo cual se la restaura respetando su antiguo trazado y así llega hasta nosotros.

En el siglo pasado, las “Graue Schwestem” (Hermanas Grises) trataron de erigir un pensionado en Schoenstatt, pero la policía de Guillermo I (Kulturkampf) las alejaron de aquel lugar. Por último, el convento pasó a ser propiedad de un tal señor Dorsenmagen, quien con mucho esfuerzo y gusto, trazó los parques que a fines de siglo rodeaban el venerable lugar. Sólo quedaron en pie las dos torres como testigos mudos del pasado. En 1901 fueron restauradas por el gobierno prusiano y provistas de nuevos techos. Durante una nueva restauración, el 21 de marzo de 1932, se derrumbó la torre sur. El 19 de abril de 1901 el convento fue comprado por la Sociedad Misionera de los Padres Palotinos al señor Dorsnmagen. De esta manera llegamos a los umbrales del Schoenstatt actual.

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[1] 2 P. Rafael Fernández, 150 Preguntas sobre Schoenstatt. 2a ed.. Santiago, Chile: Editorial Patris, 1994. Pág. 75.

[2] Ibid.