Madre, Reina y Vencedora Tres veces Admirable de Schoenstatt




Nota: Esto es una copia de una homilía que se presentó durante las misas de aguinaldo en el 2001 en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe (Bo Campo Alegre, Hatillo).  EMYM no es un representante de los Esclavos de la Eucaristía y María Vírgen.

Vamos a explicar ahora el nombre de “esta” Virgen. Comencemos por el final. El hecho de llevar un nombre extranjero, en alemán (idioma difícil para nosotros, los latinos) crea una primera dificultad. A veces se levantan voces preguntando si no sería posible traducir, o eventualmente cambiar, el nombre de “Schoenstatt”. Tales reacciones son comprensibles. Pero el nombre no se puede cambiar. ¿Por qué? Porque expresa un vínculo fundamental al lugar concreto (en este caso Schoenstatt, en Alemania) donde la Sma. Virgen ha querido manifestarse. El nombre de una persona, sea individual o colectivo, no es algo accidental. Revela, de alguna manera, lo que la persona es y quiere poner de manifiesto lo típico de su misión. Todo nombre tiene también su historia. Así el de “esta” Virgen, cuyo título oficial es el de “Madre, Reina y Vencedora tres veces Admirable de Schoenstatt”. ¿Cómo, entonces, surgió el mismo? Debemos retroceder hasta la fundación de Schoenstatt, a los años de la Primera Guerra Mundial. A través de la Congregación Mariana se introdujo en Schoenstatt el nombre de “Madre tres veces Admirable”, ésta se inspiró en la famosa Congregación Mariana de Ingolstadt (donde María era venerada bajo la advocación: “Mater ter admirabilis”. Madre tres veces Admirable, título preferido por su santo inspirador, el Padre Rem, SJ). En aquella época circulaba entre los jóvenes congregantes una oración, compuesta por el Padre Kentenich, que comenzaba así: “Madre tres veces Admirable, enséñanos a combatir como luchadores tuyos…”. Más tarde se añadió al nombre oficial de la Virgen de Schoenstatt la palabra: “Reina”. Fue en tiempos de la lucha contra el nacionalsocialismo. Como en todos los demás movimientos e instituciones católicas de Alemania, Schoenstatt fue perseguido por la dictadura nazi. Desde un plano puramente humano, fue una lucha muy desigual. El Padre Kentenich la comparó, en su momento, al enfrentamiento del pequeño David con el gigante Goliath. La Familia de Schoenstatt, juntando fuerzas en sí misma, tomó conciencia de la consagración y de la alianza de amor que la unía a la Virgen María. Surgió entonces en sus filas una corriente de coronación, tanto en Schoenstatt, como más tarde entre los

prisioneros schoenstattíanos en el campo de concentración de Dachau. Aquí fue coronada como “Reina del campo de concentración”. Con este acto de piedad mariana, querían reconocer, ante María, su desvalimiento humano, pero al mismo tiempo, el poder real de la Sma. Virgen, expresando la total disponibilidad a su servicio. A su regreso del campo de concentración, el Padre Kentenich renovó solemnemente esta coronación en Schoenstatt, el 18 de octubre de 1946, proclamando a la Virgen María “Reina del mundo”.

El título de “Vencedora” es más reciente, y surge también de la historia de la Familia de Schoenstatt. Pocos años después de su liberación del campo de concentración, comenzaron para el Padre Kentenich y para Schoenstatt duras pruebas. Esta vez las dificultades fueron con la Iglesia, resultando para el Fundador un destierro de catorce años (1951-1965, la mayor parte de los cuales transcurrió en Milwaukee, U.S.A., de 1952 a 1965). El mismo concluyó con su rehabilitación en Roma, durante el transcurso de la cuarta y última sesión del Concilio Vaticano II, por el Papa Pablo VI. Para Schoenstatt fueron tiempos muy duros. Por momentos no se vislumbraba, humanamente hablando, ninguna solución a los problemas planteados. En medio de muchas oscuridades, el Padre Kentenich mantuvo impertérrito una total confianza en la victoria final de la Sma. Virgen. Los acontecimientos del año 1965 (su ida a Roma y su rehabilitación, que culminaron con su regreso a Schoenstatt en la nochebuena de ese año, tras 14 años de ausencia) produjeron un cambio decisivo en la situación. En reconocimiento a la manifiestación de la Virgen María en la liberación del Padre Kentenich. Éste decide coronarla en Liebfrauénhóhe el 31 de mayo de 1966 y quiso en adelante, el título de Madre y Reina de Schoenstatt se añadiese el de “Vencedora”. Antes de concluir, valga una aclaración, comenzamos explicando el nombre oficial de “esta” Virgen. Hay que responder la pregunta: ¿Por qué hay tantas advocaciones diferentes de la Virgen María? ¿Qué significa esto?. A veces, gente sencilla puede confundirse, como si se tratara de “diversas” vírgenes. La respuesta es simple: no es que haya diversas vírgenes, por más que hablemos de la Virgen de Lujan, la Virgen de Itatí, la Virgen del Valle, la Virgen de Fátima, la Virgen de Lourdes, de María Auxiliadora… o cualquier otra de las múltiples advocaciones o títulos existentes es la misma Virgen María. Es cuestión de cambiar la preposición “de” por la preposición “en ” en cuyo caso, se esclarece la cuestión. Existe una única y misma Virgen María, Madre de Dios y Madre de todos los hombres, que se ha manifestado y se manifiesta en diversos lugares: en Lujan; en Itatí; en Lourdes, o como María Auxiliadora. Al hablar de la Virgen de Schoenstatt, queremos decir lo mismo: es la Virgen María que se ha manifestado en Schoenstatt.

Hemos aclarado el título oficial de Nuestra Señora de Schoenstatt. Pero esto no significa que el mismo se use en forma cotidiana. Cada persona tiene también un nombre “oficial”, pero en la vida cotidiana se le llama normalmente, con nombres más familiares o cortos. Es así, como uno escucha hablar en Schoenstatt de la “Madre y Reina”, de “la Mater”, de la “MTA”, de “Nuestra Señora de Schoenstatt” u otros apelativos. Todas son posibilidades válidas.

Historia:

El cuadro original fue pintado al óleo en la última década del siglo XIX por el pintor suizo Luigi Crosio, quien nació en Alba el 1835, falleció el 1915 en Turín, bajo el título: “Refugium Peccatorum” (Refugio de los pecadores). Es muy probable que su hija Ana haya posado como modelo del retrato de la Mater y su nieto para el niño Jesús, como demuestran los estudios recientes. Actualmente la pintura está en posesión de las Hermanas de María.

Dicho en términos modernos, la imagen tuvo record de ventas. El 10 de octubre de 1898 la imprenta de Zürich de los hermanos Künzii compró los derechos de la imagen y la comercializó en diferentes versiones, entre las que se encuentra también, la impresión litográfíca en colores. Después de 1914, cuando los alumnos que en Schoenstatt se formaban para las misiones buscaban junto con su director espiritual una imagen de María para la antigua capillita de San Miguel, el profesor Huggle de la institución compró, en una tienda de antigüedades, una de estas impresiones litográfícas y se la regaló en 1915 a la joven Congregación Mariana.

Recién llagada la imagen a Schoenstatt, recibió el título de “Mater ter Admirabilis”, Madre tres veces Admirable. La Santísima Virgen fue venerada bajo este título en el siglo XVI en Ingolstadt donde el sacerdote jesuita Padre Jacobo Rem había fundado la primera Congregación Mariana en la Universidad de Bavaria. En 1935 el Padre Kentenich explica lo que esta imagen significa para Schoenstatt: “Es verdad que así como el pueblo sencillo la acoge con alegría, para nuestra gente culta es, no pocas veces, “piedra de escándalo” que causa un sentimiento de rechazo y por eso una crisis en relación al Movimiento. La imagen llegó a la capilla en 1915, en cierto modo provisionalmente, para sacarnos de un apuro. Dado que el Movimiento ahora ha crecido con ella, no se la puede separar más”. Nuestra manera de pensar fue aprobada con el tiempo incluso hasta con cierto entusiasmo. Es muy probable que si nuestra imagen fuera del gusto moderno, muy pronto el Movimiento sucumbiría ante el peligro de cierto naturalismo, de un esteticismo religioso o de un intelectualismo, y esto, significaría escuchar su “sentencia de muerte”. Así en cambio, cada persona culta interesada en él se ve exigida a tomar una decisión personal, a dar una mirada más profunda a las fuerzas que obran en él y de esta manera a afirmar o rechazar al Movimiento como movimiento de vida y gracias. En la imagen está permanentemente simbolizado y expresado el “escándalo de la cruz” con lo cual se toma efectiva la gran ley del Reino de Dios: “Y ensalzó a los humildes”.