La Presencia Real de Jesuscristo en la Eucaristía




Por: Padre Aníbal – 20.2.2007

"Esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre…" "Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?"

Así se expresaron, hace dos mil años, los primeros discípulos de Jesús, cuando él les expuso el inicio de una nueva doctrina, que atentaba, en cierta manera, con sus prohibiciones religiosas (comer sangre: cf. Lv 3,17). Es así que hoy día hay quienes se llaman cristianos y aún no aceptan todas las enseñanzas de Cristo.

Para llegar a ese momento culminante de la Revelación del misterio de la Eucaristía (el Cuerpo y la Sangre de Cristo), Dios, como un buen pedagogo, fue paulatinamente descubriéndolo, revelándolo por los acontecimientos desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, con Jesús, que es la Revelación plena del Padre. Veamos en el A.T. las prefiguraciones de la Eucaristía.

1) Éxodo 16,15: Cuando los israelitas la vieron, se decían unos a otros: "¿ Qué es esto?" Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Este es el pan que Yahveh os da por alimento." Esta es la primera prefiguración, y a la que Jesús hace alusión en el capítulo 6 del evangelio de San Juan. La gente le pregunta a Jesús que cuál es la señal que él les da para que crean, pues para ellos las grandes señales fueron realizadas por Moisés. Jesús les dice: "En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del Cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo: porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo". Entonces le dijeron: "Señor danos siempre de ese pan". Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí nunca tendrá sed".

2) El segundo relato lo encontramos en 1 R 19, 4­9: Él (Elías)caminó por el desierto una jornada de camino y fue a sentarse bajo una retama. Se deseó la muerte y dijo: "¡Basta ya Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres!" Se acostó y se durmió bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: "Levántate y come." Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió y bebió y se volvió a acostar. Volvió segunda vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: "Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti." Se levantó comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb. Amado hermano, fíjate que el profeta camina todo un día por el desierto y ya no puede más, y se tira al suelo… Elías no había recibido aquel alimento de parte de Dios. Las palabras del ángel son: "Levántate y come". El profeta estaba debilitado, caído espiritualmente, porque había reclamado a Dios y deseado la muerte. Por eso el ángel le dice "levántate". El pecado nos postra, nos tira por el suelo; pero una vez reconciliados, que es igual que "levantados", podemos "comer". Dice el ángel: "come", que es igual que "comulga". Elías se "levanta y come" aquel "alimento" que le da fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches. Jesús dirá en Jn 6,35 y 53: "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí nunca tendrá sed. En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo

del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros". El pan que come Elías es fuerza para atravesar el "desierto"; el Pan de la Eucaristía nuestra fuerza en el "desierto del mundo".

3) En 2 R 4, 42-44 encontramos a Eliseo, sucesor de Elías: Vino un hombre de Baal Salisá y llevó al hombre de Dios primicias de pan, veinte panes de cebada y grano fresco en espiga; y dijo Eliseo: "Dáselo a la gente para que coman, porque así dice Yahveh: Comerán y sobrará". Se lo dio, comieron y dejaron de sobra, según la palabra de Yahveh. Esta multiplicación es prefigura claramente de la que Jesús hará en Jn 6, 1-­14: Jesús se fue a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veía las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: "¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?" Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.(Jn 6,1-15)

Es importante hacer notar las últimas palabras del versículo 14: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo". Al señalar a Jesús como profeta hace una alusión a Eliseo que había realizado este signo en medio del pueblo. Jesús es la plenitud de aquella profecía de 2R 4, 42-44.

4) Quiero terminar las citas del A.T. con Proverbios y Sabiduría.

Prov. 9,1.4-6: La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas. «Si alguno es simple, véngase acá.» Y al falto de juicio le dice: «Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado; dejaos de simplezas y viviréis, y dirigíos por los caminos de la inteligencia. »

Sabemos que la Sabiduría es Dios mismo, presente y actuando en Jesús. Plantó su casa con siete columnas que prefiguran los siete sacramentos y entre ellos el de la Eucaristía.

Sab. 16,20-21: A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el cielo un pan ya preparado que podía brindar todas las  delicias y satisfacer todos los gustos. El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos, pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se transformaba en lo que cada uno quería. Nos señala este texto que este pan es muy especial, pues no tuvieron que cocinar; podía agradar a todos los gustos; se acomodaba al gusto del que lo comía, y se convertía en lo que cada uno quería. Si este hecho de complacer gustos y paladares lo transferimos y aplicamos a la Eucaristía, también ésta es para saciar nuestra hambre y necesidad espiritual. (Jn 6, 54-57)

 
Pasando ahora al Nuevo Testamento veremos como los cuatro evangelios son concordes en la misma enseñanza. Todo el capítulo 6 de S. Juan tendrá su culmen, primero en la Última Cena y después en el Calvario.

San Mateo 26, 26-28: Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste            es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Jesús en el evangelio de Mateo no dice imagínense que esto es…, o como si fuera, o esto significa, no, sino que dice: "Esto es mi cuerpo y esta es mi sangre". Así mismo es transmitido a todos los Apóstoles y a su vez a todas las generaciones hasta nuestros días.

Puede verificar también: S. Marcos 14,22-24;. Lucas 22, 19-20; S. Juan 6, 50-51.

San Pablo


El testimonio de S. Pablo es asegurado por él mismo como una tradición que procede del Señor: Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor

Jesús, la noche en que fue  entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.» 1 Cor 11 ,23-25. El Apóstol también nos dice que este memorial y celebración de esta comida se realizaba varias veces en 1 Cor 11 ,26 : Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga." Al decir que "he recibido del Señor", no quiere decir una revelación privada y particular a Pablo de parte de Cristo, sino que es una tradición que recibieron los apóstoles y que Pablo a su vez transmite a los corintios, y que estos mismos apóstoles la anuncian a través de las generaciones hasta llegar a nosotros.

La palabra memorial no podemos entenderla como simple recuerdo. De este mandato del Señor: "haced esto en memoria mía", nace la celebración de la Eucaristía en la Iglesia. Jesús realiza su entrega e instituye la Eucaristía en la víspera de la "comida

pascual" y la transforma en "comida eucarística". Este misterio del amor eterno de Dios al hombre, como lo es su entrega, no podía quedarse en mero recuerdo, sino que tenía que perpetuarse en su Iglesia, el nuevo pueblo de la nueva alianza. Más adelante, S. Pablo dirá: Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será feo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.1 Cor 11, 27­-29. Este texto provee luz abundante para eliminar toda duda de que la presencia de Jesucristo en la Eucaristía es real y verdadera. Llamarlo simple "símbolo",

"recuerdo", "significación", etc., sería motivo de pecado y condenación. Esto es que si fuera un pedazo de pan cualquiera o una copa de vino ordinario, Pablo no advertiría que comerlo estando en pecado sea causa de condenación. Pablo está hablando de un "sacrilegio", que quiere decir profanar lo sagrado. Entonces es claro que tanto para Pablo como para todos los apóstoles en el pan y el vino consagrados están realmente transustanciados el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de nuestro señor Jesucristo.

A continuación le propongo unas citas para que pueda meditarlas, teniendo en cuenta que en los primeros tiempos de la Iglesia la Eucaristía era llamada "la  fracción del pan", aludiendo al gesto de Jesús en la Ultima Cena: Lc 24,13-35; Hech.2,42-46; 20, 6-11; 27,35­-36.

  Leamos ahora el testimonio de los que vivieron los primeros siglos de vida de la Iglesia, los Padres apostólicos:  

  1. Orígenes. Vivió por los años de 250. Dice: "Por la oración estos panes se han convertido en un cuerpo santo, que santifica a los que lo reciben con sanas disposiciones. Vosotros que asistís habitualmente a los divinos misterios, cuando recibís el cuerpo del Señor, ¡con qué precaución y reverencia lo guardáis, no sea que una partícula del mismo caiga al suelo y se pierda una parte del tesoro consagrado!
  2. San Ireneo. Vivió por el año 180. Dice:"Como el pan que viene de la tierra, una vez que ha recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía (…), así también nuestros cuerpos, una vez que han recibido la Eucaristía, ya no son corruptibles por tener la esperanza de la resurrección. La carne que se alimenta del cuerpo y de la sangre del Señor, ¿cómo puede acabar en corrupción y no participar de la vida?"
  3. S. Ignacio de Antioquia, que vivió por el año 110, dice hablando de los docetas unos herejes de su tiempo: "Se apartan de la Eucaristía y de la oración, porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados, la misma que, por su bondad, resucitola el Padre".
  4. S. Clemente, que vivió por el año 92: "Por analogía, el vino se mezcla con agua, y el Espíritu con el hombre. Y lo primero, mezcla de vino y agua, para alimentar la fe; lo segundo, el Espíritu conduce a la inmortalidad. Y la mezcla de ambos, de la bebida y el Verbo, se llama Eucaristía, don laudable y excelente, que santifica en cuerpo y alma a los que lo reciben con fe.
  5. . San Justino (año 150): "Terminada la prolija acción de gracias por el presidente de la asamblea, se distribuye entre los fieles la Eucaristía, que no tenemos por pan ordinario ni por bebida ordinaria, sino que, así como por el Verbo de Dios, hecho carne, Jesucristo nuestro Salvador tuvo carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento hecho Eucaristía por una plegaria del Verbo, que viene de El [de Dios] (alimento del que se nutren carne y sangre según nuestra transformación) es carne y sangre de aquel mismo Jesús encarnado",
    5. Tertuliano (año 220): "Por lo cual ya hemos probado con el evangelio por el misterio del pan y del vino la verdad del cuerpo y la sangre del Señor, al contrario del fantasma de Marción". Marción negaba la presencia real de Jesús en la Eucaristía, porque no creía en la Encarnación.

Termino diciendo que me parece ingenuo, ignorante y de paganos el negarse a creer una verdad transmitida por el mismo Evangelio, recibida de Cristo, celebrada por los apóstoles y aceptado por los primeros que recibieron el anuncio del evangelio durante los primeros siglos hasta hoy. No hay peor ciego que el que no quiere ver… La Eucaristía es el milagro que a diario vivimos y que permanece en la Iglesia hasta la consumación de los siglos (Mt 28,20).





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