Comentarios Sobre la Fiesta de la Divina Misericordia




     Con motivo de la fiesta de la Divina Misericordia, que este año la vamos a celebrar el 7 deabril de 2013, presentamos a continuación las obras corporales y espirituales de misericordia.  Además presentamos una parte de la encíclica “DIVES EN MISERICORDIA” (Rico en Misericordia)  del papa Juan Pablo II.  Sobre todo buscamos que la lectura de este pequeño artículo suscite en nosotros el deseo de dejarnos transformar por el corazón misericordioso de Jesús para que así podamos infundir en los demás el amor particular que nos distingue, que es la marca del Cristiano.

Personas Interesadas en conocer más sobre la Devoción a la Divina Misericordia en Puerto Rico, se pueden comunicar con Alberto Rosario en el siguiente enlace. En este sitio web puden conseguir información de como pueden pertencer a este movimiento.  También pueden visitar este artículo nos lo hizo llegar Juan Tirado.

 
Obras Corporales de Misericordia (Mt 25, 31-46)
 
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Vestir al desnudo
4. Dar albergue al desamparado
5. Visitar a los presos
6. Enterrar a los muertos
 
Obras Espirituales de Misericordia
 
1. Instruir al ignorante
2. Amonestar a los pecadores
3. Dar consejo al que tiene duda
4. Consolar al afligido
5. Perdonar las ofensas
6. Orar por los vivos y muertos
7. Sufrir con paciencia los errores de los demás
 
 
Juan Pablo II, DIVES EN MISERICORDIA, 14
 
La Iglesia trata de practicar la misericordia
 
Jesucristo ha enseñado que el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a «usar misericordia» con los demás: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»120. La Iglesia ve en estas palabras una llamada a la acción y se esfuerza por practicar la misericordia. Si todas las bienaventuranzas del sermón de la montaña indican el camino de la conversión y del cambio de vida, la que se refiere a los misericordiosos es a este respecto particularmente elocuente. El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto él mismo interiormente se transforma en el espíritu de tal amor hacia el prójimo.
 
Este proceso auténticamente evangélico no es sólo una transformación espiritual realizada de una vez para siempre, sino que constituye todo un estilo de vida, una característica esencial y continua de la vocación cristiana. Consiste en el descubrimiento constante y en la actuación perseverante del amor en cuanto fuerza unificante y a la vez elevante: -a pesar de todas las dificultades de naturaleza psicológica o social- se trata, en efecto, de un amor misericordioso que por su esencia es amor creador. El amor misericordioso, en las relaciones recíprocas entre los hombres, no es nunca un acto o un proceso unilateral. Incluso en los casos en que todo parecería indicar que sólo una parte es la que da y ofrece, mientras la otra sólo recibe y toma (por ejemplo, en el caso del médico que cura, del maestro que enseña, de los padres que mantienen y educan a los hijos, del benefactor que ayuda a los menesterosos), sin embargo en realidad, también aquel que da, queda siempre beneficiado. En todo caso, también éste puede encontrarse fácilmente en la posición del que recibe, obtiene un beneficio, prueba el amor misericordioso, o se encuentra en estado de ser objeto de misericordia.
 
 
 
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