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Movimiento de la Divina Misericordia

Wednesday, January 6th, 2010

Por: Juan Tirado – 26.3.2008

Nota de EMYM.ORG – Personas interesadas en pertenecer al Movimiento de la Divina Misericordia en Puerto Rico pueden visitar  el siguiente enlace: www.divinamisericordiapr.org

1.      ¿Qué es el Movimiento de la Divina Misericordia?

El Movimiento de la Divina Misericordia es un grupo de personas laicas, hombres y mujeres que en su propio estado de vida colaboran en la misión que la Iglesia tiene encomendada, de manifestar al mundo el mensaje de la abundante misericordia que Cristo ofrece a toda la humanidad. Enfatizamos la comunicación y manifestación de las verdades bíblicas y la formación de cristianos que modelen la vida y el ministerio de nuestro Señor Jesucristo.  *La entrega al servicio es total y está disponible donde haga falta, particularmente en la atención a los jóvenes, personas adictas a las drogas, deambulantes, alcohólicos, enfermos, ancianos, en fin, donde quiera que se oiga el clamor de los pobres y necesitados. Los hermanos se capacitan en una mejor vivencia cristiana, acercándose a Jesús, personificado en el que sufre y en su disfraz más desconcertante.
Así, el Movimiento de la Divina Misericordia, pretende ser un testimonio radical de la presencia de la Iglesia en nuestra sociedad por medio de su apostolado, procurando que cada humano sea un signo visible del amor misericordioso y sanador de Dios, en un mundo cada vez más revolucionario y dividido.*

2.      ¿Cuál es su Visión?

La Visión de este movimiento es que haya una relación entre todos los grupos que llevan la devoción a la Divina Misericordia en Puerto Rico y trabajen juntos, así como lo hacen otros movimientos como lo son:
Cursillos de cristiandad, Movimiento Juan XXIII, etc.

A.      Estructura:

El movimiento de la Divina Misericordia de PR. tendría una directiva compuesta por un coordinador a nivel isla que estaría encargado de todo el movimiento y junto a él estarían cinco coordinadores, uno de cada diócesis, quienes se encargaran de trabajar con los grupos de sus respectivas diócesis y hacer que esos grupos trabajen juntos, además se encargaran de formar a los miembros de cada grupo, de llevar la devoción a aquellas parroquias que no la estén llevando y formar nuevos grupos en ellas. El Coordinador general, junto a los demás coordinadores se reunirán para dirigir el movimiento, coordinando actividades, retiros, asambleas, misiones, etc. en lo que se pueda llevar el mensaje de la Divina Misericordia en todo Puerto Rico.
El movimiento tendrá como lugar sede a la capilla de la Divina Misericordia de Juana Díaz, allí se darían retiros, asambleas, encuentros, etc.

B.      Misión:

Dar a conocer el mensaje de la Divina Misericordia en todo Puerto Rico. El movimiento a través de diversas actividades como: visitas de enfermos y encarcelados, dar alimentos a deambulantes , hacer retiros para jóvenes y adultos, dar programas de radio y televisión, llevar el cuadro peregrino de la Divina misericordia por las casas, organizar grupos de la Divina Misericordia, etc., se busca llevar ese mensaje de la Divina Misericordia y darlo a conocer. Esta Evangelización, está trayendo a una fe viva a muchos de nuestros hermanos quienes hoy viven un cristianismo de costumbres y hábitos y está permitiendo que muchas personas sumergidas en un mundo secularizado, tenga la oportunidad de encontrarse con Jesucristo. Todas estas actividades las hace cada grupo, separado de otros grupos, pues aun no hay una organización en la cual todos los grupos, con su diversidad de ministerios, lleguen a trabajar juntos, eso es lo que se busca hacer al querer formar el Movimiento de la Divina Misericordia de Puerto Rico, que todos los grupos trabajen juntos, para dar a conocer la devoción a la Divina Misericordia y hacer la Misericordia con aquellos hermanos necesitados.
Formar a los miembros de este movimiento en Apóstoles de la Divina Misericordia, usando la Palabra de Dios, el Catecismo de la Iglesia Católica, el diario de Santa Faustina y la carta encíclica de Juan Pablo II:
“Rico en Misericordia”, para que prediquen el mensaje de la Divina Misericordia y lo den a conocer.

Hacer de la Misericordia una forma de vida:
Jesucristo enseñó que el hombre no solamente recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que el también es llamado a practicar la misericordia hacia los demás. “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5,7). En eso consiste el movimiento de la Divina Misericordia; en hacer el bien sin mirar a quién, en mostrar misericordia al prójimo; siempre y en todas partes. Así como nos dice Jesús en su Palabra: “Sed Misericordiosos como vuestro Padre es Misericordioso” (Lucas 6, 36) Pues, el Movimiento de la Divina Misericordia, no se debe quedar en la devoción de la Divina Misericordia, sino que debe poner en practica las obras de misericordia, pues Jesús le dijo a Santa Faustina: “Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia mi, debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte, porque la fe sin obras, por más fuerte que sea, es inútil”.

C.      Otros Elementos de la visión del movimiento:

Se tiene como una Visión, como una idea de que los miembros de este movimiento tengan una director espiritual que los dirija en su caminar. Y los que se piensa que podrían ser directores espirituales de este movimiento lo son: Hermanos Misioneros de la Divina Misericordia, Hermanas Dominicas de la Divina Misericordia y la Sociedad Fraterna de Misericordia.
El movimiento en Puerto Rico tendrá una comunicación con el movimiento de la Divina Misericordia en Santo Domingo y junto a ellos hacer diversas actividades como recoger ropa, medicinas, alimentos y otras cosas para ayudar a los hermanos Dominicanos.
Hacer un retiro de la Divina Misericordia, en el cual enseñe a los fieles la Devoción a la Divina Misericordia, pero que también les enseñe a hacer la misericordia con sus hermanos. Este retiro, además de ofrecerse a los miembros del movimiento, también se le ofrecerá a los demás grupos y movimientos apostólicos de esta Iglesia, como una manera de presentarles el “Mensaje de la Divina Misericordia” como forma de vida y como una forma de hacer su apostolado.

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Addendum; 6 de enero de 2010

El Hermano Oscar Granados, SFM se comunicó con nosotros sobre lo que entiende es una falta de citación adecuada en el documento que nos envió Juan Tirado.  Como parte de nuestro compromiso de cumplir con la reglamentación civil, marcamos con un asterisco los fragmentos que deberían ser atribuhidos a “www.vitajesu.org“.

Reseña Sobre la Simbología que Precedió la Institución Eucarística en las Escrituras

Friday, May 22nd, 2009

La Eucaristía es la escencia y vida de todo católico.  Es lo que hace de nosotros, los católicos, la auténtica religión y lo que nos une de manera especial con nuestro Creador y Señor.  En ocasiones, las personas piensan que la Eucaristía fue creada por Jesús en el último momento antes de su muerte.  Sin embargo, no nos percatamos que la Eucarístía ya venía siendo señalada desde el antiguo testamento a través de acontecimientos y ritos por parte de nuestros padres en la fe.  Son muchos los ejemplos que podrían citarse a lo largo de las escrituras referentes a la Nueva Alianza.  En cambio, este escrito no pretende abarcar toda la simbología eucarística del antiguo testamento y el nuevo testamento.  El propósito principal es primeramente despertar el deseo de saciar nuestra sed eucarística, que existe intrínsecamente en nuestra alma.  Luego, hacer ver con claridad cómo nuestro Señor nos fue educando y capacitando a través de la historia de la fe para finalmente institucionalizar su plan perfecto de unión con el ser humano: La Eucaristía.
Comenzando con el Antiguo Testamento, en el relato de la creación, ya podemos ver como Dios en el jardín del Edén (Gen. 2) introduce el Árbol de la Vida.  Como todos sabemos, el árbol da frutos, en este caso, frutos de vida.  Esto contrasta con la Eucaristía, la cual es considerada fuente de vida eterna (Jn. 6).  Por lo tanto, el fruto que regala la Eucaristía, es un fruto de vida eterna.
A este ejemplo se le suma el de Melquisedec rey.  Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, bendijo a Abrahán cuando volvía de derrotar a los reyes, trayendo consigo pan y vino (Entonces Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino pues era sacerdote del Dios Altísimo.  Melquisedec bendijo a Abrahán, diciendo: “Abrahán, bendito seas del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra…[Gen. 14; 14-20]”.  Este es el único acontecimiento que menciona directamente el pan y el vino en el Antiguo Testamento.  Por lo tanto, muchos teólogos consideran este sacrificio como una prefiguración directa de la Eucaristía.  Además, la peculiaridad de que Melquisedec era sacerdote y rey, pues en la tradición bíblica los reyes no se confundían con los sacerdotes, lleva a los autores a comparar a Melquisedec con la figura de Jesús.
En adición, cuando el pueblo de Israel salió de Egipto el Señor les regaló el Maná del cielo.  Yavé dijo a Moisés:“Ahora les hago llover pan del cielo; salga el pueblo y recoja lo que necesita para cada día (Ex. 16; 4)”.  Con este acontecimiento se entiende que el pan de cada día es un don de Dios.  Sin embargo, en los evangelios, el Maná, representa el verdadero pan del cielo, o sea, Cristo, el cual se nos regala como alimento de vida en la Santa Eucarístía.  Para el tiempo de Moisés este alimento providencial hacía que los isrealitas se acercaran a Dios en busca de favores.  Mientrastanto, el pueblo continuaba con las quejas y se rebelaron contra Dios, muriendo en el desierto.  Es por eso que en el Nuevo Testamento Dios propone algo diferente.  En este caso el pan que baja del cielo no es algo, sino Alguien que nos da la vida eterna y que para poder recibirlo hay que dar un primer paso: creer en Cristo.
Además, la sangre del sacrificio del cordero (el cordero pascual) realizado por el pueblo hebreo antes de salir de Egipto (Ex. 12) sella el pacto de Yavé con el pueblo que viene a escoger de entre todos los demás.  De este momento en adelante la Pascua se convirtió en la fiesta de la independencia de Israel y Dios permitirá que Jesús muera y resucite en los días de la Pascua, sellando la Nueva Alianza que Dios realiza con los hombres.  Por consiguiente, cada una de las Eucaristías que se celebran se arraigan en la muerte y resurrección de Cristo, el “Cordero de Dios”.  Es así como el evangelio nos enseña que la Eucaristía será para la iglesia lo que era el cordero pascual para el pueblo de Israel.
Por eso, ya directamente en el Nuevo Testamento, Juan se refiere a Jesús como:“Ese es el Cordero de Dios (Jn. 1; 36)”.  Este Cordero se ofrece en sacrificio por los pecados del mundo y así cumple todos los sacrificios por el pecado del Antiguo Testamento.  Entonces, cuando hace de su persona resucitada el alimento del pueblo, une perfectamente el nuevo pueblo de Dios con su Padre.  Por tal razón Juan también añade que Jesús es el pan que necesita la humanidad (Jn. 6).
Por otro lado, también en el Nuevo Testamento, podemos observar el anuncio de la Eucaristía a través del pasaje de las bodas de Caná (Jn. 2; 1).  En este pasaje se puede apreciar el primer milagro de Jesús en la vida pública, convirtiendo el agua en vino.  Este milagro hace alusión a lo que luego se conocería en la Eucaristía como la Transubstanciación (término designado al proceso de la tranformación del pan en carne y el vino en sangre durante la consagración eucarística).
Es así como los apóstoles, en la primera comunidad, continúan compartiendo la fracción del pan (Hc. 2; 42), ya que confirmaba la presencia de Dios entre ellos y se asemejaba a la vivencia de los discípulos de Emaús (Lc. 24), donde le reconocieron a partir el pan.  Más aún, en este pasaje de Emaús, Lucas utiliza las palabras:“Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dió (versículos 30-32)”, porque que quiere resaltar este evento ya que estas cuatro palabras se utilizaban entre los creyentes para hablar de la Eucaristía[1].
Muchos otros ejemplos podrían citarse referentes a la simbología de la Eucarístía en las Escrituras.  Sin embargo, lo importante es que nosotros como católicos comprendamos que la cortina del templo se rasgó cuando Jesús murió (Mc. 15; 33; Mt. 27; 55) simbolizando que ya Dios no está en aquel lugar donde ningún mortal puede entrar, sino que se ha dado a conocer a todos nosotros.  En el Antiguo Testamento esta cortina dividía el Lugar Santísimo del resto de la feligresía y sólo el Sumo Sacerdote podía entrar a este lugar una vez al año.  Con la muerte y resurrección del Señor esta cortina ya no existe más y el Dios Todopoderoso nos invita a que nos acerquemos a su Santo Sagrario, pero sobre todo a la Santa Eucaristía.
La parábola del banquete de bodas (Mt. 22) nos enseña que la Eucarístía es la única mesa de Cristo donde el banquete está servido.  En cambio, nuestro encuentro en la misa nos debe recordar que Dios nos llama a preparar en la vida diaria el banquete reservado para toda la humanidad.  Si no respondemos al llamado del banquete otros responderán al llamado de hacerse cargo de la obra de Dios, alejándose de nosotros la gracia de Dios.
Que el Señor y la Virgen nos ayuden a comprender a través de esta parábola que el banquete de la Eucaristía está servido y está de nosotros si acudimos al mismo.

[1]Esta y algunas de las explicacioes teológicas de este documento fueron tomadas de La Biblia Latinoamericana (edición pastoral). Editorial Verbo Divino, 1995.

Eucaristía en tiempo de los apóstoles

Friday, May 22nd, 2009

Por: C. Ruiz (emym.org) – 20.2.2007

La Eucaristía como la vemos en los evangelios (Mt 26, 17-28; Mc 14, 12-25; Lc 22, 7-23) comienza a celebrarse con la última cena. Una vez Jesús asciende a los cielos las comunidades cristinas continuan reuniéndose para la fracción del pan (1 Co 11, 23-26). La Eucaristía comenzó celebrándose en casas privadas, pero a la vez que la comunidad cristiana fue creciendo se comenzaron a destinar locales para el culto eucarístico. Estos lugares destinados para tal culto, tenían una mesa de madera pequeña que servía de altar. Posteriormente usando el modelo de la última cena las comuniades cristianas se reunían en la noche o en el ocaso. El obispo o quien presidía la ceremonia consagraba el pan y lo repartían a los fieles. A la fracción del pan le seguía a un banquete, conocido como el ágape o comida fraternal. Para el ágape los cristianos traían su comida y la repartían con generosidad entre los demás sin distinción. Uno de los objetivos del éste era el socorro de los pobres. Debido a los abusos en el ágape (1 Co 11, 17-22) la fracción del pan se separó de la comida y para el siglo VI se prohibió el ágape en las iglesias. La separación del ágape de la fracción del pan produjo que el mismo se celebrara a diferentes momentos del día, particularmente en la mañana. El ágape fue substituido por una comunidad de oración en la cual se incorporaron la lectura de las memorias de los apóstoles, escritos de los profetas y diversas oraciones; esto dio origen a la liturgia de la palabra.  Los catecúmenos participaban en la liturgia de la palabra, pero no en la fracción del pan. Las personas que no podía participar de la fracción del pan se les daba un pan bendecido (no consagrado) llamado eulogía.

Con el pasar de los siglos la Iglesia fue desarrollando la liturgia y, a pesar de existir un solo esquema, hubo muchas variaciones en la forma de celebrarse en las culturas. Fue el Concilio de Trento el que introdujo el misal romano y eliminó las variaciones en el rito. El Concilio Vaticano II introduce nuevas modificaciones de cómo celebrar la Eucaristía, por ejemplo ésta se llevaría a cabo en la lengua vernácula de cada comunidad y no en latín como se acostumbraba; también, el celebrante miraría a la comunidad, en vez de espaldas a ella.

Bibliografía

Llorca, B. (2001). Historia de la Iglesia Católica (Vol. I). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Eucaristía: Cristianismo e Iglesia. Sacramentos. Primera Comunión. Efectos. Ritual y liturgia eucarística.

Historia del Corpus Christi

Friday, May 22nd, 2009

La Edad Media fue una época oscura para la Iglesia Católica. En la misma ocurrió: el Cisma de Oriente, las crusadas y la Inquisición. Hubo varias herejías sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Personas como Pascasio Radberto, Rabán Mauro y Juan Escoto Eriúgena promovieron la idea de la presencia meramente espiritual de Cristo en la Eucaristía; rebajando así la Eucaristía a un simple recuerdo de la última cena. Fue en esta época donde ocurió varios milagros eucarísticos como el de Lanciano (s. VIII) y Bolsena (s. XIII). Como veremos a continuación el milagro de Bolsena tiene especial importancia en la institución de la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

A finales del siglo XIII en Lieja, Bélgica surgen una corriente eucarística que da origen a varias costumbres actuales como la Exposición y Bendición con el Santísimo, el uso de campanillas durantes la elevación en la misa y la Fiesta del Corpus Christi. Santa Juliana de Mont Cornillón, priora de la Abadía de Cornillón en Leija convenció al Obispo Roberto de Thorete de que estableciera una fiesta en honor a la Eucaristía. El 1247 se celebró la primera fiesta del Corpus Christi el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad.

Casi 20 años más tarde, un sacerdote llamado Juan de Parga se dirigía a Roma en busca de una renovación de fe. El sacerdote estaba teniendo fuertes dudas acerca de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Camino a Roma  pernoctó en la Iglesia de Santa Cristina en Bolsena (70 millas al norte de Roma). A la mañana siguiente celebró la misa y al momento de partir la hostia comenzó a sangrar. El sacerdote envolvió la hostia en el corporal y la llevó ante el Papa Urbano VII, el cual tenía su corte en Orvieto (muy cerca de Bolsena). A raíz de este milagro y la petición de varios obispos el Santo Padre extiendó la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por la bula Transiturus. El papa Urbano IV  ordenó a Santo Tomás de Aquino a que escribiera la liturgia de la fiesta. Ante la muerte de Urbano IV, su precedor Clemente V reiteró la institución de la fiesta en toda la iglesia. A pesar que ninguno de los decretos hablaba de procesiones con el Santísimo, papas, como Martín V y Eugenio IV concedieron indulgencias a estas procesiones y las mismas se hicieron comunes apartir del siglo XIV.

Bibliografía

García-Villosalda, R. (2001). Historia de la Iglesia Católica (Vol. II). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
Historia de la Solemnidad del Corpus Christi. http://www.aciprensa.com/Eucaristia/historia.htm
La fiesta del Corpus Christi. http://www.iglesia.org/articulos/corpus_christi.php